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Daniel Tomasini - Schwarzwald


Daniel Tomasini - Schwarzwald


Daniel Tomasini
Schwarzwald

Desde el miércoles 25 de mayo al domingo 26 de junio de 2016
Sala 1

Bernau in Schwarzwald es una pequeña localidad cercana a la ciudad de Friburgo, en el suroeste de Alemania. Sus casas de tejas a dos aguas, sus balcones, sus jardines con abundante reserva de leña para el invierno, constituye un encantador conjunto donde la tranquilidad se adueña de los días. En los últimos días del verano del 14 tuve el privilegio de ser alojado en una residencia amplia, adaptada para hospedaje, donde, gracias a la coordinación de la Cancillería uruguaya, del Gobierno Alemán y de la Alcaldía de Bernau, se me adjudicó una hermosa buhardilla como taller. Esta residencia estaba repleta de obras de arte. Pinturas, esculturas, grabados, forman parte de la colección de la Sra. Gabriele Weis, mi anfitriona, una mujer de sonrisa franca, mirada clara y penetrante y de trato muy amigable. Desde la ventana de mi habitación podía ver la faja verde oscura de los árboles que marcaban el comienzo de la Selva Negra. A unos veinte minutos de viaje a pie, todas las mañanas durante quince días, me encaminada hacia ella portando materiales de dibujo y de pintura. A veces, cuando el trabajo estaba adelantado, sólo llevaba el termo y el mate y me dedicaba a vagar por el bosque, comiendo fresas y bayas silvestres. Schwarzwald es una amplia región de cerrada vegetación, conformada en su mayor parte por pinos monumentales que abarca una amplia zona al suroeste de Alemania. Los pinos crecen en macizos en una geología montañosa donde enormes bloques de piedra basáltica se pueden vislumbrar entre los árboles. Esta peculiar relación árbol- piedra me ha llamado mucho la atención de tal manera que esta simbiosis podría considerarse verdaderamente simbólica de esta región. Gruesos troncos parecen surgir, en ocasiones, de la propia piedra y algunas veces, parecería que el árbol apoya una rodilla en la imponente roca para elevarse luego a alturas sorprendentes.
El clima a mediados de agosto es cálido y a menudo muy húmedo, con lloviznas espaciadas. La Sra. Weis en uno de esos días lluviosos me condujo hasta la cascada de Menzenschwander, un lugar donde se despeña un imponente chorro de agua que vertiginosamente se vierte en arroyos para desplazarse con rapidez en medio de las oscuras piedras. Estas corrientes de agua cristalina son muy dinámicas y a menudo se pueden observar dentro de la espesura del bosque pequeñas cascadas que no pueden vencer a la durísima roca.
Esta breve reseña de un lugar tan enigmático como fascinante, no alcanza a trasmitir las sensaciones que la sensibilidad trata de recomponer en el campo de la forma - pintura, escultura, objetos, etc-
Es aquí donde las palabras se detienen y el artista entra en el campo de lo desconocido. Mi experiencia en la pintura parte del color y mis maestros se encuentran entre los Automatistas canadienses, en particular Jean-Paul Riopelle quien encontró una fina inspiración en los maravillosos bosques cercanos a Montreal, donde los grandes arces canadienses se encienden en otoño con los más esplendorosos matices de rojo. La Selva Negra carece de estos matices, aunque en menor medida he podido detectar todos los colores de la paleta, con la predominancia obviamente del verde, desde el verde azulado de las hojas hasta el verde fluorescente del musgo que se apodera, en algunas zonas, de ramas, troncos y piedras, cubriendo prácticamente todo el piso del bosque y trepando hacia arriba y a los costados. En mi opinión, el pintor debe pintar lo que no se ve, porque de lo contrario sólo estaría haciendo una descripción superficial del motivo. Es sabido que el sonido tiene color. Pero ¿ y el silencio?. Algo que llama la atención cuando nos adentramos en el bosque denso, cubierto de pinocha rojiza y espesa y de ramas que periódicamente se renuevan, es el particular sonido, casi un eco, que generan los movimientos de desplazamiento, considerando que hasta el momento de hollar el lugar reinaba un silencio casi místico. Por este motivo he colocado en la instalación dos vitrales circulares, a la manera de rosetones, porque la sensación que tuve fue la de penetrar en una catedral natural. El silencio del que hablamos se siente como una presencia formidable, de tal manera que lleva a reconocer el poder de la naturaleza que nos envuelve y sentimos que estamos a su merced.
Al mismo tiempo es un momento de encuentro consigo mismo, con la sensación de que nuestra soledad se encuentra contenida desde el mundo vegetal y mineral, como si estuviésemos siendo observados. Desde esta perspectiva y a partir de estas intensas sensaciones se me ocurrió divagar, pensando que estos bosques centenarios bien podrían ser al hábitat de personajes mitológicos y fantásticos, que pueblan los cuentos infantiles. Puedo asegurar que dentro de la espesura y por fuera de los estrechos senderos - que se hallan esporádicamente y que son utilizados por los grupos de visitantes escaladores - en los lugares donde es casi imposible caminar debido a la intrincada trama de ramas que parten desde el piso, la sensación es de protección y de seguridad.

El desafío consistió en traducir lo que estamos comentando en formas plásticas buscando un clima especial de intimismo y recogimiento. Para ello establecimos recursos plásticos; colores simbólicos cuya percepción conduce a las distintas sensaciones, entre ellas la de oscuridad, de luz y de penumbra. Al mismo tiempo nos fascinaba la luz filtrada entre el denso e intrincado follaje, y el juego de sombras cambiantes. Los espejos se utilizaron como instrumento de percepción de situaciones diferentes desde distintos puntos de vista simultáneos o de realidades paralelas habitadas por una luz con su reflejo huidizo.
Todo ello formando parte de un silencio luminoso, roto apenas por algún silbido de ave que recorre los altos árboles con su insistente llamado.
Entrenado en el automatismo, me he dejado llevar por la materia oleosa, por el color espeso aplicado con espátula. Desde esta operación gestual se ve nacer el matiz, al que sin embargo habrá que prepararlo para que sobreviva en su medio ambiente plástico. Habrá que cuidarlo en su aspecto más genuino, mientras una serie de sensaciones cinestésicas reviven el momento inaugural, el momento del descubrimiento y de la emoción. Pero también me he dejado seducir por todo tipo de materiales y materias, desde la piedra, la madera, el metal, el vidrio, el plástico, la cerámica etc, que en diversas manifestaciones desde lo industrial o de lo informal me han sugerido formas, en la búsqueda de captar el espíritu de animales y de vegetales a través de una amalgama de materias heterogéneas. En este conjunto escultórico quise incorporar ciertos elementos sugerentes de las leyes naturales, matemáticamente precisas. En los vitrales circulares está representado el teorema de Pitágoras. Se encuentra también representada la idea de la geometría de los fractales y de la curva catenaria - cara a Gaudí - así como la "divina proporción" se halla presente en varios sectores de las zonas pintadas. El símbolo que subyace detrás de todo ello es el de inmutabilidad, a pesar de los cambios que aparejan la renovación biológica. Esta idea esconde el dilema de la vida y de la muerte. Pero el arte es tan enigmático como la vida misma y su misterio está escondido como lo está en la propia Naturaleza, que hace posible, en mi caso, la misteriosa conexión con la creación.

Daniel Tomasini
Mayo 2016



Agradecimientos especiales

Al Sr. Embajador de la República Federal de Alemania en Uruguay Dr. Heinz Peters
Al Gobierno Alemán y a la Municipalidad de Bernau

A la Sra. Grabiele Weis, mi anfitriona en Bernau
A la Sra. Christel Andrea Steier, artista plástica residente en Bernau

Al Sr. Embajador de la República Oriental del Uruguay en Alemania Dr. Alberto Guani
Al Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental del Uruguay

Al Ministerio de Educación y Cultura . Al Director del Museo Nacional de Artes Visuales, Sr. Enrique Aguerre.

Al Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes, Universidad de la República.

A la cordialidad del Pueblo alemán.


Daniel Tomasini


Daniel Tomasini es artista plástico. Es Magíster en Educación por la Universidad de la Empresa y Licenciado en Artes Plásticas y Visuales (Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes - Universidad de la República). Docente universitario en el IENB.A y la UDE. Es Emprendedor Cultural (ORT). A su vez, es crítico de arte de la revista Dossier.
Ha realizado cuatro exposiciones individuales en Canadá en las ciudades de Montreal, Ottawa y Toronto, una en Alemania en la ciudad de Berlín, múltiples exposiciones individuales y colectivas en Uruguay, en ciudades como Montevideo, Minas, Maldonado, Punta del Este. Ha realizado obras murales en Montevideo, San Gregorio de Polanco, en la ciudad de Minneapolis, (Estado de Minnesota - Estados Unidos de América) y varios murales (entre ellos mosaicos de piso) en carácter de Extensión Universitaria- Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes- Udelar.
Posee el cargo de profesor titular Gº 5 del Area de Plano en el Espacio y Pintura mural y de la licenciatura en Técnicas pictóricas- IENBA.
Es profesor de la Maestría en Educación - Universidad de la Empresa.
Es responsable de la Sección Artes Plásticas y Visuales de la Revista Dossier bajo la columna "Transcurrencias in-visibles" habiendo realizado múltiples entrevistas a artistas nacionales e internacionales y crítica de arte de las principales exposiciones nacionales y en algunos casos internacionales.



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